- Todavía nos queda la botella.
- ¿Qué ?
- La botella que nos dió el hombre de la burbuja.
Dijo Mario sacándola de la mochila.
- ¿La abrimos?
- Venga.
- Pero salgamos fuera del coche.
Con un poco de miedo nos bajamos, ellos no dejaban de bailar a nuestro alrededor mientras cantaban ahora lo de “con la chaveta se cortó las pelotas”. Mario quitó el tapón y salió disparado, le dió al que bailaba más excitado. Nos miró, todos se callaron, caminó lentamente hasta nosotros, estábamos a punto de meternos en el coche y salir pitando de allí. De un manotazo cogió la botella y se alejó saltando y vociferando:
- ¡Champán! ¡Champán! ¡Champán!
Mario y yo nos miramos extrañados:
- ¿Champán?
Al momento volvió con unos vasos de plástico.
- Venga, repartid, vamos a brindar todos. Bueno, si quereis compartirla.
- ¡Claro que si! Por supuesto.
A la llamada del champán se acercaron todos los que nos estaban escuchando. Echamos un poco en cada vaso para que hubiera para todos. Al final seguro que lo del hombre burbuja era una campaña publicitaria de una conocida marca de cava. Una señora mayor que estaba liada en una manta, se puso en el centro y levantando el vaso gritó:
- ¡Felices Fiestas!
