- ¡Deja ya de roncar! ¡Que vengüenza!
Mario me da un codazo para que despierte.
- ¿Por donde vamos?
- Llegando a Sevilla.
La estación está tomada por la policía, perros que se acercan y olisquean.
- ¿Que has hecho con la botella? – Pregunto.
- Aquí la tengo. ¿La tiro?
Como una aparición Carmele Marchante aparece ante nosotros pidiendo fuego, nos susurra:
- Tranquilos, no pueden olerla.
- ¿Cómo?
- Yo estaba en la furgoneta del callejón cuando os dió la botella. Tomad mi tarjeta, llamadme mañana y hablamos. Sobre todo no abridla.
Se da la vuelta y sigue los pasos de Francisco Rivera que acaba de pasar hablando por el móvil. Nos miramos incrédulos.
- ¿La llamamos, a lo mejor sabe algo de esto?- Le digo a Mario.
Él para esas cosas de la televisión es muy radical. Menudo se puso cuando le dije en broma que había mandado un correo a “Reforma Sorpresa” para que nos hicieran algo en el lavadero, menos mal que nunca contestaron. Me imagino a Nuria Roca, la presentadora y la decoradora en el lavadero y me da algo.
- Yo no la llamo, allá tu si quieres hacerlo.
Salimos por un lateral de la estación, tenemos el coche aparcado allí mismo. El sol es tan especial en Sevilla pero hoy está todo nublado.

